LOS PRIMEROS POBLADORES DEL TERRITORIO
Los primeros pobladores de las Islas Canarias pertenecían a la cultura amazigh (Bereberes) y provenían del norte de África. No existe acuerdo unánime sobre la fecha en que se produjo su llegada, existiendo dos teorías al respecto. Una que sitúa ese momento en los inicios de la era y otra que se remonta al siglo X antes de Cristo. Tampoco existe acuerdo sobre quiénes fueron los responsables de su traslado desde el
cercano continente, ya que los mismos no conservaron conocimientos relacionados con las técnicas de navegación.
En el norte de África es frecuente encontrar topónimos muy similares a nombres como Mogán, Taurito, Tauro o Arguineguín. Estos vocablos proceden de la lengua que hablaban los primeros canarios, el Tamazight.
Practicaban la ganadería, el cultivo de la tierra y el aprovechamiento de los recursos marinos en forma de pesca o recolección de moluscos marinos. Mayoritariamente concentraron su hábitat en los cauces de los barrancos, en especial en el de Mogán y Arguineguín, donde construyeron casas de piedra con techumbre de hojas de palmera.
Su sociedad se encontraba jerarquizada, estando al frente de ella un líder al que llamaban Guanarteme.
A ellos les debemos costumbres muy arraigadas en Canarias, como es el gofio, la lucha canaria, el silbo, la lucha del garrote o el salto del pastor. Además, aún están en uso la mayoría de nombres que estos dieron a los lugares donde se establecieron.
Su huella sigue presente en el Mogán del siglo XXI mediante diferentes yacimientos arqueológicos de gran valor que ofrecen valiosa información sobre los primeros humanos que se asentaron en su territorio.
En cuanto a su relación de la pesca, las crónicas de la conquista no especifican demasiado, pero los estudios arqueológicos realizados coinciden en que pudieron usar como método de captura de peces cinco procedimientos diferentes, todos ellos realizados en la costa próxima a la orilla. Estos son: la construcción de pequeños muros para atrapar a los peces cuando bajaba la marea, el uso de hachos de tea ardiendo para producir luz que atraigan las capturas a la superficie para golpearlas con un palo, la pesca con anzuelo de hueso y sedal de palma y la elaboración tanto de redes como nasas de junco.
Por otro lado, también se ha documentado la práctica de un sistema de pesca denominado embarbascar, consistente en adormecer a los peces mediante el uso de la savia de cardones y tabaibas para facilitar su captura.















